El viejo manual de las finanzas

Hace ya un año que empezamos con el proyecto “Finanzas Transparentes”, cuyo objetivo no ha sido otro que intentar contribuir a la cultura financiera del ciudadano en diversos temas de actualidad. Es por ello, que para seguir avanzando, hemos empezado a desarrollar nuestro tercer objetivo: la recomendación de lecturas.

Pero, ¿cuál libro debería ser mi primera recomendación para los lectores?, después de varias semanas pensándolo, el libro es La Biblia, pese a no ser el más mencionado en las grandes escuelas de economía o por los más famosos gestores de inversión y ahorro. Sin embargo, mi abuela sin haber pasado por grandes universidades, tenía razón al darme ese libro y decirme que si lo leía, iba a encontrar grandes verdades útiles para la vida.

Antes de continuar, aclaro que no es mi intención influenciar al lector hacia una religión o creencia. Lo cierto es que La Biblia es la obra más leída y vendida en el mundo a lo largo de los tiempos, ha sido traducida a más de 2.400 idiomas y para muchos es la verdad absoluta.

Para sorpresa de muchos, especialmente la mía, La Biblia posee una gran visión financiera, con miles de textos acerca del dinero, abarcando temas sobre la administración de la riqueza, la importancia de un presupuesto, el ahorro y la inversión, las deudas, el pago de los impuestos, vivir dentro de los límites, etc. Y también acerca de la honestidad en todos los asuntos económicos, un valor que hoy día parte de la sociedad carece.

A razón de lo anterior, muchas personas en el mundo han hecho de La Biblia su “manual de los negocios” además de ser su “manual de vida”, al haber entendido en primer lugar que “Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan.” (Salmo 24:1). Es decir, todo pertenece a Dios, incluyendo las riquezas del mundo (“Mía es la plata, y mío es el oro”, Hageo 2:8), por lo cual, Él tendría la capacidad de ayudar a prosperar a todo aquel que se lo solicite, y así lo dice su palabra: “Pedid, y se os dará…” (Mateo 7:7), “Mas acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas” (Deuteronomio 8:18).

De hecho, la creencia popular que La Biblia enseña a vivir en la pobreza y que prohíbe enriquecerse para poder ir al cielo, es totalmente falsa. Dios desea que el hombre tenga una vida prospera, “El SEÑOR mandará que la bendición sea contigo en tus graneros y en todo aquello en que pongas tu mano, y te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da” (Deuteronomio 28:8), lo que si enseña La Biblia es que el verdadero problema empieza cuando se olvida quien ha dado las riquezas y hay más amor por el dinero que por Dios. “El amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y se han causado terribles sufrimientos” (1 Timoteo 6:10).

Las enseñanzas de La Biblia son muchas e imposibles de resumir aquí, sin embargo otras útiles e interesantes citas bíblicas sobre finanzas personales son:

  • Dinero deshonesto: Proverbios 13:11 “El dinero mal habido pronto se acaba; quien ahorra, poco a poco se enriquece”.
  • Deudas: Romanos 13:7 “Paguen a cada uno lo que le corresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos; si deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor”
  • Avaricia: Proverbios 28:22 “Se apresura a ser rico el avaro, Y no sabe que le ha de venir pobreza”.
  • Presupuesto: Lucas 14:28-30 “Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir”.
  • Diversificación: Eclesiastés 11: 2 “Reparte a siete, y aun a ocho: porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra”.

Según lo anterior, parece ser que muchas veces las soluciones más simples y efectivas las podemos encontrar en los libros más olvidados e inesperados. Puede que valga la pena desempolvar La Biblia de casa y continuar aprendiendo algo en ella, nuestras finanzas personales lo agradecerán.

¡Éxitos!

JB.

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